La partida de mi hermano
Amado hermano aun no has partido y ya extraño tu presencia. La necesidad te empuja al auto-exilio temporal, y te comprendo, pero igual me dolerá tu ausencia.
¿Sabes qué me duele hermano? Me duele que nosotros estaremos aquí, en tierra firme, y tú, sin embargo, allá, en el horizonte, estarás luchando por equilibrarte en el vaivén de las olas. Me duele, además, que nosotros estaremos, aquí, reunidos en familia, en el calor del hogar, y tú, sin embargo, allá en las frías madrugadas, acompañado de tus pensamientos, contando y empujando las horas y los días. Tratando, también, de que no se desdibujen de tu memoria las sonrisas y las lágrimas de tus seres más queridos. El cansancio te vencerá y soñarás, como todos los días, que regresas y lloras de alegría.
En las mañanas despertarás con el canto de los alabastros y otros pájaros marinos. Y dejarás escapar un suspiro: ¡Ah un día más, un día menos! Una y otra vez pensarás, ¿qué estarán haciendo los míos? Y ese pensar te acompañará durante toda tu faena.
Y acá despertaremos con el tic-tac de los latidos de nuestros corazones, azarados, por el presentimiento de tu pronto retorno. Y un día, cuando regreses, entre sollozos y risas saltaremos de alegría para festejar tu llegada, y en un abrazo tierno y caluroso te suspiraremos al oído las palabras del Poeta Andrés Eloy Blanco:”…Cuan amargas son la uvas de la ausencia…”
Nota: Me inspiró la angustia de su posible enrolamiento en un barco pesquero. Yo estoy convencido de que sólo los hombres que aman a sus seres queridos saben del dolor de la separación.
¿Sabes qué me duele hermano? Me duele que nosotros estaremos aquí, en tierra firme, y tú, sin embargo, allá, en el horizonte, estarás luchando por equilibrarte en el vaivén de las olas. Me duele, además, que nosotros estaremos, aquí, reunidos en familia, en el calor del hogar, y tú, sin embargo, allá en las frías madrugadas, acompañado de tus pensamientos, contando y empujando las horas y los días. Tratando, también, de que no se desdibujen de tu memoria las sonrisas y las lágrimas de tus seres más queridos. El cansancio te vencerá y soñarás, como todos los días, que regresas y lloras de alegría.
En las mañanas despertarás con el canto de los alabastros y otros pájaros marinos. Y dejarás escapar un suspiro: ¡Ah un día más, un día menos! Una y otra vez pensarás, ¿qué estarán haciendo los míos? Y ese pensar te acompañará durante toda tu faena.
Y acá despertaremos con el tic-tac de los latidos de nuestros corazones, azarados, por el presentimiento de tu pronto retorno. Y un día, cuando regreses, entre sollozos y risas saltaremos de alegría para festejar tu llegada, y en un abrazo tierno y caluroso te suspiraremos al oído las palabras del Poeta Andrés Eloy Blanco:”…Cuan amargas son la uvas de la ausencia…”
Nota: Me inspiró la angustia de su posible enrolamiento en un barco pesquero. Yo estoy convencido de que sólo los hombres que aman a sus seres queridos saben del dolor de la separación.
Autor: Víctor Duarte.
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